Salimos de casa pasadas las doce de la noche. El peque acostado, el perro tranquilo en casa, hoy no hay que atender a 8 personas. Nos había dado algo de pereza, yo estaba punto de pedirte que nos quedáramos en casa porque tenía frio. Pero no, anoche no quería permitir que nada nos robara más tiempo, espacio y energía. Volvemos a la calle, a ratos nos cogemos de la mano. A ratos decidimos no arriesgarnos tanto. Llegamos el primer lugar donde compramos nuestro primer pic-nic, para repetir la experiencia. Te recuerdo sentada sobre los escalones de la facultad de Derecho, con el pan de molde entre tus manos. El derecho bendito a perderme en tus ojos. Te miro de nuevo, después de días de ausencia, ¿dónde te has metido? te creía perdida....
Y sigue ahí. No sé porque me permito tener miedo, a estas alturas. Tus ojos me devuelven el mismo te quiero infinito del día 15 de Marzo. Nos sentamos en un banco, preparamos nuestra cena secreta, pues alguien ya había cocinado en casa, pero ese ratito es solo nuestro. No paro de verte merodear por la casa enfadada por mil y una historias, triste por ciento y dos cuentos. Y solo puedo regalarte alguna que otra palabra, letras que rocen tu piel, para pintarte más sonrisas. Mientras montamos los sandwitches se nos cuela un amiguito, que quiere venirse a casa en mi bolso. Como siempre, me dibujas sonrisas en momentos difíciles.
Me imagino en tu parque preferido, con nuestra querida Alice viniendo cada poco tiempo a reclamar su ración de pic-nic. Para algo hemos comprado todas esas almendras, porque es nuestra ardilla preferida. Así que hoy, en medio de la noche, paseando, buscado tus ojos y encontrándomelos de nuevo, quiero decirte que las piedras luna siguen brillando mucho. Que de hecho todas las piedras brillan cada día más, a pesar de que a veces se nos nuble el cielo. Son cosas que pasan, es imposible que el Sol esté siempre radiante, aunque vivamos en España. Pero solo con saberte ahí, con recordarte cerca, mi corazón se calma y vuelve a volar. Así que vida mía, te espero, a que tus días sean más fáciles, y espero con ilusión a nuestro próximo pic-nic o té en el salón de casa. No importa el tiempo que necesites, seguiré ahí, pues solo necesito una mirada que me devuelva tus ojos brillando. Como las piedras. Te amo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario