lunes, 10 de mayo de 2010

De como se movieron los hilos para que nuestros puzzles encajaran: Mi versión.

Llevaríamos como un mes hablando por messenger. Tú eras aquella moderadora no demasiado borde que no me caía mal del todo. Así que cuando se me dio la oportuidad de ir para Madrid, no dudé. Llevaba tiempo teniendo sueños en los que me veía viajando para allá. Cuando me dijiste que tenías ganas de conocerme me sentí rara. Por un lado yo no sabía si quería conocer a nadie con una mínima profundidad, ya sabes, eso de 5 centímetros de su personalidad, ya era suficiente para mí. Sí, dije "y yo a vos" como abreviando el "vosotros", porque conocerte implicaba conocer a un grupo de gente del que no estaba muy segura si quería mezclarme. Sí, la verdad es que llevaba tiempo sintíendome sola, sin ganas de sociabilizar. Pero bueno, con toda mi pereza y un poco de simpatía, me hice la valiente y te escribí un privado. Vale, quizás te sentí un poco seca, pero bueno, pensé "mejor no molestar demasiado". Pasados unos días ya estábamos hablando normalmente.

Y sin saberlo, estuve en algún momento importante en tu vida a través del maldito messenger que tanto odiamos. Vaya, igual hasta te regalé alguna palabra de ánimo o lo que fuera. Luego recuerdo cuando me dijiste que también te gustaban las chicas y me sorprendí a mí misma dicíendote tan abiertamente que a mí también... que estúpida, ir diciendo estas cosas a una persona que acabas de conocer y además virtualmente. Pero dejando de lado estos momentos, cuando me invitaste a dormir en tu casa, yo solo supe pagarte con unas galletas que nunca te he llevado. Que ridícula soy a veces.

Pues así, los hilos me llevaron hasta tu casa, sin saberme marioneta ni juguete de los Dioses. Te llamé la noche de antes, con la excusa de preguntarte si hacía frio por Madrid. Me cabreé un poco al pensar "ésta pasa de mi..." y ya sabes cuánto odio la indiferencia. Pues bien, me calmé, me hice la maleta y me presenté en la estación de Chamartín en Madrid, esperando a que llegara Abel. Antes de ni siquiera avisar a mis padres de que había llegado bien te llamé de nuevo... maldita batería y tú pasando del móvil, en fin. Respira hondo, seguro que Abel no puede ser tan cabrón como para conspirar para llevarte a un hotel o algo... y bueno, seguro que ella existe, tú la has visto en fotos, has hablado con ella. Ummm ¿de verdad que no será un cybor?

En medio de una maraña de conversaciones y caras nuevas, de incienso y trabajo mágico, te esperé toda la tarde. Alguien dijo que llegarías, pero luego, al rato, comentaron que no. Moralmente no podía dejar el trabajo a medias, pero estaba tan cansada y con tantas ganas de aparecer por tu casa... pero al fin acabamos, serían como las diez de la noche en casa de Gaia. Y al fin me cogiste el teléfono..."¿Existes?" pregunté. O quizás no lo pregunté, solo afirmé en voz alta, para convencerme aún más. Tú querías ir de fiesta con tu novia. "Novia", aquella palabra que me tocaba algo muy profundo en mi orgullo. ¿Por qué iba a querer salir yo de fiesta con ella? en fin, pobre chica, si ni la conocía... aún así, muerta de sueño, habría salido contigo. En aquel momento me encontré preguntándome si te gustaría yo. Y Abel, como si hubiera sabido leer mis pensamientos, me dijo "Dana tiene los mismos gustos que yo, ya verás como le gustas". Y me encontré a mi misma respondiendo "y seguro que ella me gusta a mí" sin saber muy bien la intención de mis palabras.

Caminamos hasta la puerta de tu casa, de noche, por este parque que tantas veces he cruzado a tu lado. Solo pensaba en las ganas que tenía de abrazarte, ya ni siquiera recuerdo si lo hice. Y Recuerdo lo largo que se me hizo tu saludo a Abel... ¿por qué tardaste tanto en verme? con las ganas que tenía yo de abrazarte. Después en tu salón, hablando sin parar de vete tú a saber qué... cuando lo único que quería era que se vaciara la habitación del resto de gente para estar contigo. La pizza, en tu portal, muerta de frío, pensando en si me abrazabas o no. Nadie más, solo tú.

Me encontré esperando a que llegaras del médico con Alex y David. Intenté dormir, pensando que lleagrías tarde, pero cuando oí la puerta me levanté como si llevara un muelle en la espalda. Dormimos pocas horas, pero a la mañana siguiente, me desnudé con tremenda facilidad delante de tí, pero te recuerdo que tú fuiste la primera en ducharte. Me desnudé con picardía, imaginando que me mirabas... y ahí estabas tú, tan indiferente, tan fría... que te saliste del baño y tuve que llamarte porque el agua estaba hirviendo. Supongo que me puse roja cuando me miraste el escote y dijiste algo subido de tono. Pero no, yo no podía gustarte porque tú ya tenías novia. Pero ¿y si?

Tu primer te quiero, en público, amiguita, sin darte cuenta de que tu novia nos miraba echando rayos por los ojos. Y aquel te quiero que atravesó la habitación y se posó en mi rostro para devolvertelo, sin ser muy consciente de ello tampoco. Recuerdo cómo al día siguiente, de aquel fin de semana intensísimo, me puse a tu lado, delante del altar de Hekate. No sabíamos muy bien qué hacer, pero yo comencé a llorar a mares. Qué ridícula me sentí llorando delante de tí, tenía que ser fuerte, no podía permitirme que nadie me viera débil... y menos tú, una recién llegada a mi vida. Recuerdo tu abrazo y sé que desapareció el resto del mundo a nuestro alrededor, tan solo aquel altar y nosotras dos abrazadas delante.

Me pusé todavía más roja que el altar cuando Andrea me hizo aquel comentario, ni me acuerdo, pero algo en mi ser gritaba por decirtelo a la cara. ¿Nos estaban haciendo algún tipo de magia? y qué más daba, si estaba llegando a casa. Al lugar en el que no me siento sola, nunca más, entre tus brazos. Lo estúpida que me sentí por no seguir mi impulso del levantarte de la silla cuando salía de tu casa, de darte una buena despedida, quizás besarte, abrazarte... Tanto tiempo caminando sola, dando toda esperanza por perdida, sabiendo que no tendría compañero alguno que me acompañara y me esperar en la puerta de cada templo. Y ahora me encuentro delante de esta maldita pantalla, con un nudo en el estómago porque sé que te voy a a ver en unas horas. Con la certeza de que ya no estaré sola nunca más, de que siempre habrá alguien que me espere. Con ganas de entrar de nuevo por la puerta de tu casa (ahora mi casa también) y escucharte decirme al oído eso de "eres mía". Y sí, que las personas no se pueden poseer, pero sin más yo decido entregarme, sin que tú me lo pidas. Así que aquí me tienes, deseando repetir la entrada en tu vida después de unos días lejos de tí. Te amo.

domingo, 9 de mayo de 2010

Despertares



Me desperté de un sueño con mis manos temblando. Decidí recordarlo, pues aunque el dolor me sobrevino, es parte de mi pasado. Y qué ridículo es hablar en sueños cuando no hay nadie que te escuche, pero me desperté medio hablando. Te daba las gracias, te veía con tu rostro de otras épocas, resuelto y firme, pero lleno de deseo. Gracias. Maldita palabra, que no me permitía expresarte aquello que mi alma anhelaba por gritar. Gracias, me decías. Gracias por venir. Casi como ahora, con ganas de gritar al mundo entero lo mucho que te amo. Por eso ayer me descubrí a mi misma hablando contigo al teléfono libremente, con una amiga al lado que ni sabía nada de lo nuestro. ¿Te llamé preciosa? ¿Te dije guapa? creo que hasta mencioné fugarnos a Lesbos medio en broma, ya sabes, me hizo gracia esa historia que me contaste. Siempre loca, pero loca por ti. Ya conoces mis risas, mis bromas, estas locuras que he hecho con mi cuerpo hasta destrozar partes de mí que tardarán en sanar. Pero ¿sabes, preciosa? creo que esta vez me han otorgado el don de la serenidad, un poco de paz interior, para variar.

Nada de esto importa, no hay dudas. "Es tu alma gemela" me dijo mi amiga mientras le hablaba de ti. Sin más. No necesitamos un aquelarre entero de psíquicos para que nos dijeran algo así, pero bueno, siempre viene bien. Y me da igual como me haya llamado hasta ahora o que nos hayamos peleado mil veces sin siquiera recordarlo: lo que hay entre tus ojos y los míos no lo escriben ni los poetas, no lo cantan las canciones, no tiene nombre. Es eterno e inmutable, es la magia más sagrada que conozco. Es absurdo y sinsentido, porque estando contigo me encuentro haciendo esas grandes locuras que la cordura me pidió que no hiciera. Me siento libre y deseada, porque eres grande y me amas. Me encuentro con escritos que nadie me había dedicado, me siento frente al papel con la mano temblando, siendo tan humana como ya sabes, rendida, buscando las palabras que me hagan volar hasta tu alma. Y todavía me preguntas quién soy. Todavía me cuestiono si fui tan noble como para merecer algo así.

En las cosas más pequeñas, cuando miras por la ventana, estando lejos, sé lo que estás haciendo. Y sin darme cuenta me cuelo por un rincón más allá del tiempo y el espacio y me pongo a tu lado, nunca delante ni detrás, siempre a tu vera, compañera. Te imagino dormida en el sofá y me pregunto si sentirás mis abrazos en la distancia, esos que se me escapan a cada respiración que paso lejos de estar contigo. Y sí, es un maldito milagro, pues creo que los sientes. O eso parece, y si no los sientes creo que nos estamos volviendo locas de dos en dos, como las dos serpientes. Una hermosa locura compartida con la compañera de mi viaje, de mi vida y de todas las que llevo en la espalda. Por eso hoy, cuando despiertes, tendrás mis palabras, que es lo más elevado que te puedo dar. No son las mejores, ni son de alguien con premios ni publicaciones. Pero sabes lo que significan para ambas, y eso va más allá de las formas de vocales y consonantes. Así que ya lo sabes, tuyas son, por todo lo que fuimos y lo que somos ahora, así te amo. Con todo lo que soy. S'agapo poly.

Y por todo lo que soy, esto también se lo tengo que agradecer a Apolo.