lunes, 28 de junio de 2010

Trasteando con tus manos sin que nadie nos vea



Se me olvidaba que teníamos piel. No se me había ocurrido que éramos personas. Son estas cosas que pasan, que cuando te miro a los ojos no hay mundo. Debe ser una blasfemia, no sé. Y más cuando se me olvida que no puedo besarte en público por que sí. Te acerco discretamente mi dedo meñique y cierro los ojos (como tú dices) con el tacto de tu piel. ¿Crees que lo verá alguien?

Respiro mientras camino a tu lado, rezando porque nadie se de cuenta de las miradas cómplices. Que hay que mantener las formas y ser amiguísimas. O esconder mi voz más eufórica cuando suena el teléfono en casa de mis padres, cuando estoy fuera de casa. ¿Quién te ha regalado esas flores? uy, ese anillo es nuevo ¿de dónde lo has sacado? y un sinfín de historias para no dormir. Para no dormir en tus brazos de forma clandestina, sino dormir legalmente, como una chica de bien, de esas que toman el té a las cinco de la tarde. Nada, que mejor no dormimos, dejamos que se nos haga de día como siempre.

Así que hoy me voy a permitir cerrar los ojos y dejar que el mundo desaparezca tras mis párpados. Prometo que los abriré poquito, solo el tiempo justo para comprobar que sigues ahí. Que por si me fallan los sentidos de nuevo, prefiero no tentar la suerte y asegurarme. Sí, sigues ahí. Tan preciosa como en mis sueños, con tus ojos de aceituna en medio de tu cara de luna. Aquellos sueños que tan de cabeza me traen cuando no despierto a tu lado, una tortura a la altura del mejor de los inquisidores, cuando te veo rodeada de agua, bañándote en un mar en calma a mi lado. Tu pelo flota cuando te sumerges conmigo y te adoro en cada mirada. Si dejamos que la brisa nos seque los cuerpos, con el sol como testigo, hasta la luna se ríe de mí si me despierto en mitad de noche. Luego trato de reconciliarme con mis sábanas, resignada al suplicio de no tocar tu piel mientras me quedo dormida. Las sábanas traidoras me rodean y me hacen creer de nuevo que estás conmigo, esta vez en casa, en nuestro sofá.

Pero hoy, cerrar los ojos no duele, porque sé que los abriré para que se encuentren con los tuyos. Que tu voz no está filtrada por ningún auricular, y que tu piel estará acariciando la mía. Y sí, a pesar de que por la calle me tendré que conformar con trastear con mi meñique, o podré hacerte la coleta con la excusa de tocarte el pelo... y puede que te dé un abrazo de amiguísima o juguetee con los pies por debajo de la mesa. Pero esto es mejor que 391 (eran tantos?) kilómetros de distancia, verdad? así que hoy enredaré mis manos en ti de la forma más discreta posible. Y te amaré como me dé la real gana. Hasta que lleguemos a casa. Le pese a quien le pese.

viernes, 25 de junio de 2010

Buenas noches lejos de tí

"la llamo"..."no, mejor no, son las tantas y seguro que está por ahí". Doy una vuelta en la cama. Cojo una almohada, solo por abrazar algo. "Esto no es lo mismo, este cojín no me coge por las noches...mejor le envío un mensaje"... Desbloqueo el teléfono, que está justo debajo de la otra almohada, esta que tampoco me abraza. Siempre lo dejo ahí, por si hablamos hasta las tantas. Por si te da por llamar. No ha sido la mejor de las semanas, cualquier persona diría que estoy loca, tanto teléfono. Que para tentar a la suerte y discutir de nuevo, mejor no llamar. Pero es que solo quiero escucharte, ya que tenerte lejos me mata. Aparecen las letras en la pantalla, forman palabras, aquello que te diría en versión reducida... que sí, que tiene su gracia recibir un sms ¿quién dijo que no? pero ahora mismo lo único que quiero es escucharte. O verte por cam y acariciar la pantalla de mi portátil como una tonta. Sí parece que estoy loca, pero sí, loca por tí. Te echo tanto de menos que llevo un cargador siempre en el bolso por si acaso...

La magia comienza y de repente estoy de nuevo entre tus brazos. Me das las buenas noches y además al oído. En estéreo. Me besas como siempre, y me quedo dormida mientras te beso, acaricias mi pelo y me dices que me quieres. Te hablo de cualquier cosa de forma inconsciente, te digo que soy una tarta o que quiero salir a comprar limones. Si yo soy así, qué le vamos a hacer. También te digo que no puedo vivir sin tí. Todo sin darme cuenta de lo que te digo. "brrrrrrrrrr" "brrrrrrrrrrrr" gruñe bajo la almohada mi móvil... suena Kesha de forma alegre y descuelgo. Tengo el móvil cerca de mi cara y no me cuesta nada encontrarlo.

"Cariño ¿por qué no me has llamado? son las tantas, me voy a dormir" me dices.
"Ups, me quedé dormida... además, estabas por ahí, no quería agobiar" digo con voz cansada. Te suelto alguna ñoñez de la que no soy consciente.
"¿Estás borracha?" me preguntas medio de broma.
Sí, borracha de sueño, que llevo unas horas ya duermiendo. "No, amor, estaba dormida" contesto bostezando. "También me podías haber llamado tú" Coño, si es lo que estás haciendo...

Nos quedamos hablando hasta que a mí se me pasa el sueño y tú comienzas a dormirte... y así se dan las buenas noches las dos serpientes. A lo amantes de Teruel, con el "cuélga tú" de siempre. Mensaje enviado.