viernes, 31 de diciembre de 2010
feliz año, compañera!!!
Pues aquí me encuentro una vez más, compañera, delante de un pantalla y un teclado para ti. Por un año más a tu lado, un año más de letras. Te amo. I love you, My letters are all I have to give you.
martes, 30 de noviembre de 2010
Levántate
Son las mil de la mañana y como siempre, descansas mientras yo te escribo. La noche ha sido larga y complicada, como muchas otras. Pero yo respiro contenta mientras tú descansas. Espero a verte dormida, en silencio y me pregunto qué hice para merecer tal bendición. Hoy que me tomo la licencia de ser ñoña y almibarada, como siempre, pero sin máscaras. Tú, que portas la espada y el escudo, y yo, que no puedo hacer otra cosa que ofrecerte mis brazos para descansar en ellos. Ni si quiera estás derrotada, ni dolida, ni hecha pedazos. Y yo levanto la cabeza con orgullo por verte así, una persona digna, que no se arrastra. No lo cambiaba ni por una ni por mil vidas, si con mi humanidad, con mis "día a día", con los cambios de pañales, las siestas, las compras en el supermercado, he conseguido que subas más peldaños de la escalera de la felicidad. La mía va siempre hacia tus caderas, mi amor.
Si hoy te pido que te levantes será solo para eso, para verte de pie, delante de mi, con tu piel a escasos centímetros de mi alma, que se sale del cuarto, para buscar la tuya. De mis labios dormidos, cuyos besos te entrego cada mañana, nacerán las palabras de ánimo que nadie te ha regalado. No hay compasión, solo el reconocimiento de tu grandeza. Y tus sombras, aquellas que también amo.
Si hoy te levantas, me sentiré dueña también de tus victorias, porque eres musa, guerrera, mujer plena, madre, escritora, serpiente y además, la mejor compañera. Pero antes, descansa, permítete acomodarte en mi regazo y yo te daré el tiempo necesario para que vuelvas a levantarte, rearmada y con la lanza preparada. Porque no hay nada que no haría para evitarte cualquier dolor, si está en mi mano. Y mis manos escriben, para y por ti, así que hoy, antes de ver cómo te levantas, recoge todo lo que necesites de entre mis brazos. Yo prometo no decírselo a nadie. Y con el tiempo que nos sobre... nos podemos acariciar la espalda, ya sabes. Te amo.
miércoles, 8 de septiembre de 2010
Perderte
Ésta iba a ser otra entrada azucarada, llena de glucosa y no apta para diabéticos. Pero bueno, los acontecimientos de las últimas 24 horas hacen que me replantee hasta mis letras. Hacen que me ponga en lo peor. Perderte, en el peor de los casos, no sería lo más catastrófico. No por el dolor, la pena y demás, de lo que ahora mismo no quiero ni hablar. Y perderte duele, mi vida, ya sé qué se siente, no necesito vivir mil vidas más para experimentarlo. Solo necesito saber que renaceré de nuevo para encontrarte, y el dolor de perderte valdría la pena. La agonía de mil guerras no es nada si pienso que de alguna forma podré estar a tu lado, de volver a sentirte cerca de tu piel.
Que no necesito tenerte, solo saberte. Hoy, a estas horas de la tarde, sé con certeza, que pase lo que pase, estaré a tu lado. Que te lo diré una y mil veces, no pienso, ni quiero, ni voy a salir de tu vida. De la forma en que tú quieras. No importan las pruebas de los Dioses, ni el destino, ni los caprichos de la vida. Sé que lo que siento por ti es tan fuerte como una piedra, y ya no dudo. Qué me eleva y me hace volar, por encima del enamoramiento. Me quedo sin palabras que lo puedan definir y aún así,vuelo por encima de eso cuando me miras. La vida puede dar mil vueltas y pueden haber mil fallos.
Por eso, hoy y siempre, te llamaré compañera, porque caminas a mi lado y no me abandonas. Porque esperas paciente y me abrazas cuando mis ojos se ahogan en lágrimas, porque besas mi pena y mi alegría. Porque mi casa está entre tus brazos. Y porque cogería ese avión, ese tren y esos buses de vuelta a ti. Dejaría todo para solo vivir el tiempo que fuera amándote, aunque fueran minutos o segundos, lo dejaría todo, una y mil veces. Te amo, ahora y siempre. Y me da igual lo que venga. Yo te espero y no me voy de tu lado, compañera.
lunes, 16 de agosto de 2010
Gracias
Por abrazarme y hacerme sentir segura en medio de la oscuridad.
Por protegerme ahora y siempre.
Por volverme loca por tu piel y tus besos.
Por hacerme sentir la mujer más hermosa del mundo.
Por hacerme sentir mujer, sin más, y no una niña.
Por ayudarme a dormir y descansar, como no he descansado sobre los brazos de nadie.
Por traerme a casa, y no dejarme marchar.
Por recibirme en la puerta de ésta que es ahora mi casa y decir "esta es mía".
Por besarme cuando se supone que no deberías hacerlo, porque no puedes esperar a llegar a casa.
Por buscar mi sonrisa y dedicarme mil y una canciones.
Por ponerme en el lugar que me corresponde.
Por escribirme cartas que nunca acabas, más que nada porque decides acabarlas en mi piel.
Por luchar por mí, aún sin pedírtelo, aún ya teniéndome ganada.
Por AMARME como nadie lo ha hecho nunca.
Porque las palabras se nos quedan cortas, y no tenemos forma de expresar este amor,
Por existir, por ser y estar.
Por protegerme ahora y siempre.
Por volverme loca por tu piel y tus besos.
Por hacerme sentir la mujer más hermosa del mundo.
Por hacerme sentir mujer, sin más, y no una niña.
Por ayudarme a dormir y descansar, como no he descansado sobre los brazos de nadie.
Por traerme a casa, y no dejarme marchar.
Por recibirme en la puerta de ésta que es ahora mi casa y decir "esta es mía".
Por besarme cuando se supone que no deberías hacerlo, porque no puedes esperar a llegar a casa.
Por buscar mi sonrisa y dedicarme mil y una canciones.
Por ponerme en el lugar que me corresponde.
Por escribirme cartas que nunca acabas, más que nada porque decides acabarlas en mi piel.
Por luchar por mí, aún sin pedírtelo, aún ya teniéndome ganada.
Por AMARME como nadie lo ha hecho nunca.
Porque las palabras se nos quedan cortas, y no tenemos forma de expresar este amor,
Por existir, por ser y estar.
miércoles, 11 de agosto de 2010
Entre tartas y besos
Buenos días preciosa. Hoy es el día en que cumplo 24 años, ¿quién me iba a decir el año pasado que iba estar con mi mitad? El año pasado, por estas fechas, me encontraba sola, preparándome para salir al trabajo, areglándome y maquillándome para mí misma, pues no iba a venir nadie a verme y esperando a la tarde para comer tarta. Ese día, tan absurdamente sola, me obligué a mí misma a mirar atrás y recordarme la forma en que nací. Era un bebé, claro, nadie recuerda su nacimiento de forma consciente. Pero como tenía testigos (más de los que creía), me puse a recordar las cosas por las que me cuentan siempre que he luchado, que desde recién nacida, con todas papeletas de acabar mis días en el mism o hospital en que nací, levantaba la cabecita y miraba al mundo y parecía que decía: "aquí estoy, ya he llegado". Luego me echaba a dormir, creo que eso no ha cambiado mucho. Y sí, a veces luchadora y valiente, otras pequeña y llena de dudas y miedos, pero te prometo que el año pasado me llené de esperanza para seguir, aunque no supiera muy bien adónde.
Hoy me levanto cada mañana con la mujer de mi vida, tengo un hijo precioso, un novio estupendo (que aunque él piense que solo es novio para lo que queremos, me cuesta coger confianzas con la gente, menos contigo, preciosa). Unos amigos que me adoran, una siamesa, un perro, que si bien es un poco borde, pero que me recibe cuando lentro por la perta y una casa siempre llena de gente, que si bien a veces me quejo, es una gran bendición. Y si me pongo a hacer balance, del año pasado a este, creo que ahora salgo ganando. No por ganar ni competir,sino por ganarme a mí misma, por construirme cada día y poder compartirlo, por seguir caminando por el sendero que me llevó hasta la puerta de tu casa. Y hablando de caminos, ahora comprendo por qué el año pasado me animaba a seguir con las cosas buscando más allá. Y sé que Ella ha custodiado tus pasos y los míos y me ha entregado la bendición más grande que un mortal puede desear. En mi casa, llevarme a la ouerta e tu casa.
Me acuerdo también, mirando un poco para atrás, de la famosa foto del ojo. Si te cuento la verdad, ahora mismo haría un año de esa foto, que me hice solo por el hecho de sonreír ante una cámara al menos, mi ojo y yo. Bien, éste año habrán fotos contigo y fotos con lo que ahora es mi família. Con mi cara de felicidad y de haber alcanzado unos sueños que a veces no soy capaz de valorar. Llego en el momento justo, un poco hecha pedazos por cosas que no vienen a cuento, pero comprendiendo el motivo por el que he seguido caminando hasta ahora. Y duermes, estás preciosa, dices cosas en voz bajita y abres los ojos y yo estoy ahí, adorándote. Así que, un año más, te escrino y te pongo nombre y forma. Ésta vez sé que existes, y compartes conmigo el día de mi cumpleaños. Gracias mi amor.
lunes, 28 de junio de 2010
Trasteando con tus manos sin que nadie nos vea

Se me olvidaba que teníamos piel. No se me había ocurrido que éramos personas. Son estas cosas que pasan, que cuando te miro a los ojos no hay mundo. Debe ser una blasfemia, no sé. Y más cuando se me olvida que no puedo besarte en público por que sí. Te acerco discretamente mi dedo meñique y cierro los ojos (como tú dices) con el tacto de tu piel. ¿Crees que lo verá alguien?
Respiro mientras camino a tu lado, rezando porque nadie se de cuenta de las miradas cómplices. Que hay que mantener las formas y ser amiguísimas. O esconder mi voz más eufórica cuando suena el teléfono en casa de mis padres, cuando estoy fuera de casa. ¿Quién te ha regalado esas flores? uy, ese anillo es nuevo ¿de dónde lo has sacado? y un sinfín de historias para no dormir. Para no dormir en tus brazos de forma clandestina, sino dormir legalmente, como una chica de bien, de esas que toman el té a las cinco de la tarde. Nada, que mejor no dormimos, dejamos que se nos haga de día como siempre.
Así que hoy me voy a permitir cerrar los ojos y dejar que el mundo desaparezca tras mis párpados. Prometo que los abriré poquito, solo el tiempo justo para comprobar que sigues ahí. Que por si me fallan los sentidos de nuevo, prefiero no tentar la suerte y asegurarme. Sí, sigues ahí. Tan preciosa como en mis sueños, con tus ojos de aceituna en medio de tu cara de luna. Aquellos sueños que tan de cabeza me traen cuando no despierto a tu lado, una tortura a la altura del mejor de los inquisidores, cuando te veo rodeada de agua, bañándote en un mar en calma a mi lado. Tu pelo flota cuando te sumerges conmigo y te adoro en cada mirada. Si dejamos que la brisa nos seque los cuerpos, con el sol como testigo, hasta la luna se ríe de mí si me despierto en mitad de noche. Luego trato de reconciliarme con mis sábanas, resignada al suplicio de no tocar tu piel mientras me quedo dormida. Las sábanas traidoras me rodean y me hacen creer de nuevo que estás conmigo, esta vez en casa, en nuestro sofá.
Pero hoy, cerrar los ojos no duele, porque sé que los abriré para que se encuentren con los tuyos. Que tu voz no está filtrada por ningún auricular, y que tu piel estará acariciando la mía. Y sí, a pesar de que por la calle me tendré que conformar con trastear con mi meñique, o podré hacerte la coleta con la excusa de tocarte el pelo... y puede que te dé un abrazo de amiguísima o juguetee con los pies por debajo de la mesa. Pero esto es mejor que 391 (eran tantos?) kilómetros de distancia, verdad? así que hoy enredaré mis manos en ti de la forma más discreta posible. Y te amaré como me dé la real gana. Hasta que lleguemos a casa. Le pese a quien le pese.
Respiro mientras camino a tu lado, rezando porque nadie se de cuenta de las miradas cómplices. Que hay que mantener las formas y ser amiguísimas. O esconder mi voz más eufórica cuando suena el teléfono en casa de mis padres, cuando estoy fuera de casa. ¿Quién te ha regalado esas flores? uy, ese anillo es nuevo ¿de dónde lo has sacado? y un sinfín de historias para no dormir. Para no dormir en tus brazos de forma clandestina, sino dormir legalmente, como una chica de bien, de esas que toman el té a las cinco de la tarde. Nada, que mejor no dormimos, dejamos que se nos haga de día como siempre.
Así que hoy me voy a permitir cerrar los ojos y dejar que el mundo desaparezca tras mis párpados. Prometo que los abriré poquito, solo el tiempo justo para comprobar que sigues ahí. Que por si me fallan los sentidos de nuevo, prefiero no tentar la suerte y asegurarme. Sí, sigues ahí. Tan preciosa como en mis sueños, con tus ojos de aceituna en medio de tu cara de luna. Aquellos sueños que tan de cabeza me traen cuando no despierto a tu lado, una tortura a la altura del mejor de los inquisidores, cuando te veo rodeada de agua, bañándote en un mar en calma a mi lado. Tu pelo flota cuando te sumerges conmigo y te adoro en cada mirada. Si dejamos que la brisa nos seque los cuerpos, con el sol como testigo, hasta la luna se ríe de mí si me despierto en mitad de noche. Luego trato de reconciliarme con mis sábanas, resignada al suplicio de no tocar tu piel mientras me quedo dormida. Las sábanas traidoras me rodean y me hacen creer de nuevo que estás conmigo, esta vez en casa, en nuestro sofá.
Pero hoy, cerrar los ojos no duele, porque sé que los abriré para que se encuentren con los tuyos. Que tu voz no está filtrada por ningún auricular, y que tu piel estará acariciando la mía. Y sí, a pesar de que por la calle me tendré que conformar con trastear con mi meñique, o podré hacerte la coleta con la excusa de tocarte el pelo... y puede que te dé un abrazo de amiguísima o juguetee con los pies por debajo de la mesa. Pero esto es mejor que 391 (eran tantos?) kilómetros de distancia, verdad? así que hoy enredaré mis manos en ti de la forma más discreta posible. Y te amaré como me dé la real gana. Hasta que lleguemos a casa. Le pese a quien le pese.
viernes, 25 de junio de 2010
Buenas noches lejos de tí
"la llamo"..."no, mejor no, son las tantas y seguro que está por ahí". Doy una vuelta en la cama. Cojo una almohada, solo por abrazar algo. "Esto no es lo mismo, este cojín no me coge por las noches...mejor le envío un mensaje"... Desbloqueo el teléfono, que está justo debajo de la otra almohada, esta que tampoco me abraza. Siempre lo dejo ahí, por si hablamos hasta las tantas. Por si te da por llamar. No ha sido la mejor de las semanas, cualquier persona diría que estoy loca, tanto teléfono. Que para tentar a la suerte y discutir de nuevo, mejor no llamar. Pero es que solo quiero escucharte, ya que tenerte lejos me mata. Aparecen las letras en la pantalla, forman palabras, aquello que te diría en versión reducida... que sí, que tiene su gracia recibir un sms ¿quién dijo que no? pero ahora mismo lo único que quiero es escucharte. O verte por cam y acariciar la pantalla de mi portátil como una tonta. Sí parece que estoy loca, pero sí, loca por tí. Te echo tanto de menos que llevo un cargador siempre en el bolso por si acaso...
La magia comienza y de repente estoy de nuevo entre tus brazos. Me das las buenas noches y además al oído. En estéreo. Me besas como siempre, y me quedo dormida mientras te beso, acaricias mi pelo y me dices que me quieres. Te hablo de cualquier cosa de forma inconsciente, te digo que soy una tarta o que quiero salir a comprar limones. Si yo soy así, qué le vamos a hacer. También te digo que no puedo vivir sin tí. Todo sin darme cuenta de lo que te digo. "brrrrrrrrrr" "brrrrrrrrrrrr" gruñe bajo la almohada mi móvil... suena Kesha de forma alegre y descuelgo. Tengo el móvil cerca de mi cara y no me cuesta nada encontrarlo.
"Cariño ¿por qué no me has llamado? son las tantas, me voy a dormir" me dices.
"Ups, me quedé dormida... además, estabas por ahí, no quería agobiar" digo con voz cansada. Te suelto alguna ñoñez de la que no soy consciente.
"¿Estás borracha?" me preguntas medio de broma.
La magia comienza y de repente estoy de nuevo entre tus brazos. Me das las buenas noches y además al oído. En estéreo. Me besas como siempre, y me quedo dormida mientras te beso, acaricias mi pelo y me dices que me quieres. Te hablo de cualquier cosa de forma inconsciente, te digo que soy una tarta o que quiero salir a comprar limones. Si yo soy así, qué le vamos a hacer. También te digo que no puedo vivir sin tí. Todo sin darme cuenta de lo que te digo. "brrrrrrrrrr" "brrrrrrrrrrrr" gruñe bajo la almohada mi móvil... suena Kesha de forma alegre y descuelgo. Tengo el móvil cerca de mi cara y no me cuesta nada encontrarlo.
"Cariño ¿por qué no me has llamado? son las tantas, me voy a dormir" me dices.
"Ups, me quedé dormida... además, estabas por ahí, no quería agobiar" digo con voz cansada. Te suelto alguna ñoñez de la que no soy consciente.
"¿Estás borracha?" me preguntas medio de broma.
Sí, borracha de sueño, que llevo unas horas ya duermiendo. "No, amor, estaba dormida" contesto bostezando. "También me podías haber llamado tú" Coño, si es lo que estás haciendo...
Nos quedamos hablando hasta que a mí se me pasa el sueño y tú comienzas a dormirte... y así se dan las buenas noches las dos serpientes. A lo amantes de Teruel, con el "cuélga tú" de siempre. Mensaje enviado.
Nos quedamos hablando hasta que a mí se me pasa el sueño y tú comienzas a dormirte... y así se dan las buenas noches las dos serpientes. A lo amantes de Teruel, con el "cuélga tú" de siempre. Mensaje enviado.
lunes, 10 de mayo de 2010
De como se movieron los hilos para que nuestros puzzles encajaran: Mi versión.
Llevaríamos como un mes hablando por messenger. Tú eras aquella moderadora no demasiado borde que no me caía mal del todo. Así que cuando se me dio la oportuidad de ir para Madrid, no dudé. Llevaba tiempo teniendo sueños en los que me veía viajando para allá. Cuando me dijiste que tenías ganas de conocerme me sentí rara. Por un lado yo no sabía si quería conocer a nadie con una mínima profundidad, ya sabes, eso de 5 centímetros de su personalidad, ya era suficiente para mí. Sí, dije "y yo a vos" como abreviando el "vosotros", porque conocerte implicaba conocer a un grupo de gente del que no estaba muy segura si quería mezclarme. Sí, la verdad es que llevaba tiempo sintíendome sola, sin ganas de sociabilizar. Pero bueno, con toda mi pereza y un poco de simpatía, me hice la valiente y te escribí un privado. Vale, quizás te sentí un poco seca, pero bueno, pensé "mejor no molestar demasiado". Pasados unos días ya estábamos hablando normalmente.
Y sin saberlo, estuve en algún momento importante en tu vida a través del maldito messenger que tanto odiamos. Vaya, igual hasta te regalé alguna palabra de ánimo o lo que fuera. Luego recuerdo cuando me dijiste que también te gustaban las chicas y me sorprendí a mí misma dicíendote tan abiertamente que a mí también... que estúpida, ir diciendo estas cosas a una persona que acabas de conocer y además virtualmente. Pero dejando de lado estos momentos, cuando me invitaste a dormir en tu casa, yo solo supe pagarte con unas galletas que nunca te he llevado. Que ridícula soy a veces.
Pues así, los hilos me llevaron hasta tu casa, sin saberme marioneta ni juguete de los Dioses. Te llamé la noche de antes, con la excusa de preguntarte si hacía frio por Madrid. Me cabreé un poco al pensar "ésta pasa de mi..." y ya sabes cuánto odio la indiferencia. Pues bien, me calmé, me hice la maleta y me presenté en la estación de Chamartín en Madrid, esperando a que llegara Abel. Antes de ni siquiera avisar a mis padres de que había llegado bien te llamé de nuevo... maldita batería y tú pasando del móvil, en fin. Respira hondo, seguro que Abel no puede ser tan cabrón como para conspirar para llevarte a un hotel o algo... y bueno, seguro que ella existe, tú la has visto en fotos, has hablado con ella. Ummm ¿de verdad que no será un cybor?
En medio de una maraña de conversaciones y caras nuevas, de incienso y trabajo mágico, te esperé toda la tarde. Alguien dijo que llegarías, pero luego, al rato, comentaron que no. Moralmente no podía dejar el trabajo a medias, pero estaba tan cansada y con tantas ganas de aparecer por tu casa... pero al fin acabamos, serían como las diez de la noche en casa de Gaia. Y al fin me cogiste el teléfono..."¿Existes?" pregunté. O quizás no lo pregunté, solo afirmé en voz alta, para convencerme aún más. Tú querías ir de fiesta con tu novia. "Novia", aquella palabra que me tocaba algo muy profundo en mi orgullo. ¿Por qué iba a querer salir yo de fiesta con ella? en fin, pobre chica, si ni la conocía... aún así, muerta de sueño, habría salido contigo. En aquel momento me encontré preguntándome si te gustaría yo. Y Abel, como si hubiera sabido leer mis pensamientos, me dijo "Dana tiene los mismos gustos que yo, ya verás como le gustas". Y me encontré a mi misma respondiendo "y seguro que ella me gusta a mí" sin saber muy bien la intención de mis palabras.
Caminamos hasta la puerta de tu casa, de noche, por este parque que tantas veces he cruzado a tu lado. Solo pensaba en las ganas que tenía de abrazarte, ya ni siquiera recuerdo si lo hice. Y Recuerdo lo largo que se me hizo tu saludo a Abel... ¿por qué tardaste tanto en verme? con las ganas que tenía yo de abrazarte. Después en tu salón, hablando sin parar de vete tú a saber qué... cuando lo único que quería era que se vaciara la habitación del resto de gente para estar contigo. La pizza, en tu portal, muerta de frío, pensando en si me abrazabas o no. Nadie más, solo tú.
Me encontré esperando a que llegaras del médico con Alex y David. Intenté dormir, pensando que lleagrías tarde, pero cuando oí la puerta me levanté como si llevara un muelle en la espalda. Dormimos pocas horas, pero a la mañana siguiente, me desnudé con tremenda facilidad delante de tí, pero te recuerdo que tú fuiste la primera en ducharte. Me desnudé con picardía, imaginando que me mirabas... y ahí estabas tú, tan indiferente, tan fría... que te saliste del baño y tuve que llamarte porque el agua estaba hirviendo. Supongo que me puse roja cuando me miraste el escote y dijiste algo subido de tono. Pero no, yo no podía gustarte porque tú ya tenías novia. Pero ¿y si?
Tu primer te quiero, en público, amiguita, sin darte cuenta de que tu novia nos miraba echando rayos por los ojos. Y aquel te quiero que atravesó la habitación y se posó en mi rostro para devolvertelo, sin ser muy consciente de ello tampoco. Recuerdo cómo al día siguiente, de aquel fin de semana intensísimo, me puse a tu lado, delante del altar de Hekate. No sabíamos muy bien qué hacer, pero yo comencé a llorar a mares. Qué ridícula me sentí llorando delante de tí, tenía que ser fuerte, no podía permitirme que nadie me viera débil... y menos tú, una recién llegada a mi vida. Recuerdo tu abrazo y sé que desapareció el resto del mundo a nuestro alrededor, tan solo aquel altar y nosotras dos abrazadas delante.
Me pusé todavía más roja que el altar cuando Andrea me hizo aquel comentario, ni me acuerdo, pero algo en mi ser gritaba por decirtelo a la cara. ¿Nos estaban haciendo algún tipo de magia? y qué más daba, si estaba llegando a casa. Al lugar en el que no me siento sola, nunca más, entre tus brazos. Lo estúpida que me sentí por no seguir mi impulso del levantarte de la silla cuando salía de tu casa, de darte una buena despedida, quizás besarte, abrazarte... Tanto tiempo caminando sola, dando toda esperanza por perdida, sabiendo que no tendría compañero alguno que me acompañara y me esperar en la puerta de cada templo. Y ahora me encuentro delante de esta maldita pantalla, con un nudo en el estómago porque sé que te voy a a ver en unas horas. Con la certeza de que ya no estaré sola nunca más, de que siempre habrá alguien que me espere. Con ganas de entrar de nuevo por la puerta de tu casa (ahora mi casa también) y escucharte decirme al oído eso de "eres mía". Y sí, que las personas no se pueden poseer, pero sin más yo decido entregarme, sin que tú me lo pidas. Así que aquí me tienes, deseando repetir la entrada en tu vida después de unos días lejos de tí. Te amo.
Y sin saberlo, estuve en algún momento importante en tu vida a través del maldito messenger que tanto odiamos. Vaya, igual hasta te regalé alguna palabra de ánimo o lo que fuera. Luego recuerdo cuando me dijiste que también te gustaban las chicas y me sorprendí a mí misma dicíendote tan abiertamente que a mí también... que estúpida, ir diciendo estas cosas a una persona que acabas de conocer y además virtualmente. Pero dejando de lado estos momentos, cuando me invitaste a dormir en tu casa, yo solo supe pagarte con unas galletas que nunca te he llevado. Que ridícula soy a veces.
Pues así, los hilos me llevaron hasta tu casa, sin saberme marioneta ni juguete de los Dioses. Te llamé la noche de antes, con la excusa de preguntarte si hacía frio por Madrid. Me cabreé un poco al pensar "ésta pasa de mi..." y ya sabes cuánto odio la indiferencia. Pues bien, me calmé, me hice la maleta y me presenté en la estación de Chamartín en Madrid, esperando a que llegara Abel. Antes de ni siquiera avisar a mis padres de que había llegado bien te llamé de nuevo... maldita batería y tú pasando del móvil, en fin. Respira hondo, seguro que Abel no puede ser tan cabrón como para conspirar para llevarte a un hotel o algo... y bueno, seguro que ella existe, tú la has visto en fotos, has hablado con ella. Ummm ¿de verdad que no será un cybor?
En medio de una maraña de conversaciones y caras nuevas, de incienso y trabajo mágico, te esperé toda la tarde. Alguien dijo que llegarías, pero luego, al rato, comentaron que no. Moralmente no podía dejar el trabajo a medias, pero estaba tan cansada y con tantas ganas de aparecer por tu casa... pero al fin acabamos, serían como las diez de la noche en casa de Gaia. Y al fin me cogiste el teléfono..."¿Existes?" pregunté. O quizás no lo pregunté, solo afirmé en voz alta, para convencerme aún más. Tú querías ir de fiesta con tu novia. "Novia", aquella palabra que me tocaba algo muy profundo en mi orgullo. ¿Por qué iba a querer salir yo de fiesta con ella? en fin, pobre chica, si ni la conocía... aún así, muerta de sueño, habría salido contigo. En aquel momento me encontré preguntándome si te gustaría yo. Y Abel, como si hubiera sabido leer mis pensamientos, me dijo "Dana tiene los mismos gustos que yo, ya verás como le gustas". Y me encontré a mi misma respondiendo "y seguro que ella me gusta a mí" sin saber muy bien la intención de mis palabras.
Caminamos hasta la puerta de tu casa, de noche, por este parque que tantas veces he cruzado a tu lado. Solo pensaba en las ganas que tenía de abrazarte, ya ni siquiera recuerdo si lo hice. Y Recuerdo lo largo que se me hizo tu saludo a Abel... ¿por qué tardaste tanto en verme? con las ganas que tenía yo de abrazarte. Después en tu salón, hablando sin parar de vete tú a saber qué... cuando lo único que quería era que se vaciara la habitación del resto de gente para estar contigo. La pizza, en tu portal, muerta de frío, pensando en si me abrazabas o no. Nadie más, solo tú.
Me encontré esperando a que llegaras del médico con Alex y David. Intenté dormir, pensando que lleagrías tarde, pero cuando oí la puerta me levanté como si llevara un muelle en la espalda. Dormimos pocas horas, pero a la mañana siguiente, me desnudé con tremenda facilidad delante de tí, pero te recuerdo que tú fuiste la primera en ducharte. Me desnudé con picardía, imaginando que me mirabas... y ahí estabas tú, tan indiferente, tan fría... que te saliste del baño y tuve que llamarte porque el agua estaba hirviendo. Supongo que me puse roja cuando me miraste el escote y dijiste algo subido de tono. Pero no, yo no podía gustarte porque tú ya tenías novia. Pero ¿y si?
Tu primer te quiero, en público, amiguita, sin darte cuenta de que tu novia nos miraba echando rayos por los ojos. Y aquel te quiero que atravesó la habitación y se posó en mi rostro para devolvertelo, sin ser muy consciente de ello tampoco. Recuerdo cómo al día siguiente, de aquel fin de semana intensísimo, me puse a tu lado, delante del altar de Hekate. No sabíamos muy bien qué hacer, pero yo comencé a llorar a mares. Qué ridícula me sentí llorando delante de tí, tenía que ser fuerte, no podía permitirme que nadie me viera débil... y menos tú, una recién llegada a mi vida. Recuerdo tu abrazo y sé que desapareció el resto del mundo a nuestro alrededor, tan solo aquel altar y nosotras dos abrazadas delante.
Me pusé todavía más roja que el altar cuando Andrea me hizo aquel comentario, ni me acuerdo, pero algo en mi ser gritaba por decirtelo a la cara. ¿Nos estaban haciendo algún tipo de magia? y qué más daba, si estaba llegando a casa. Al lugar en el que no me siento sola, nunca más, entre tus brazos. Lo estúpida que me sentí por no seguir mi impulso del levantarte de la silla cuando salía de tu casa, de darte una buena despedida, quizás besarte, abrazarte... Tanto tiempo caminando sola, dando toda esperanza por perdida, sabiendo que no tendría compañero alguno que me acompañara y me esperar en la puerta de cada templo. Y ahora me encuentro delante de esta maldita pantalla, con un nudo en el estómago porque sé que te voy a a ver en unas horas. Con la certeza de que ya no estaré sola nunca más, de que siempre habrá alguien que me espere. Con ganas de entrar de nuevo por la puerta de tu casa (ahora mi casa también) y escucharte decirme al oído eso de "eres mía". Y sí, que las personas no se pueden poseer, pero sin más yo decido entregarme, sin que tú me lo pidas. Así que aquí me tienes, deseando repetir la entrada en tu vida después de unos días lejos de tí. Te amo.
domingo, 9 de mayo de 2010
Despertares

Me desperté de un sueño con mis manos temblando. Decidí recordarlo, pues aunque el dolor me sobrevino, es parte de mi pasado. Y qué ridículo es hablar en sueños cuando no hay nadie que te escuche, pero me desperté medio hablando. Te daba las gracias, te veía con tu rostro de otras épocas, resuelto y firme, pero lleno de deseo. Gracias. Maldita palabra, que no me permitía expresarte aquello que mi alma anhelaba por gritar. Gracias, me decías. Gracias por venir. Casi como ahora, con ganas de gritar al mundo entero lo mucho que te amo. Por eso ayer me descubrí a mi misma hablando contigo al teléfono libremente, con una amiga al lado que ni sabía nada de lo nuestro. ¿Te llamé preciosa? ¿Te dije guapa? creo que hasta mencioné fugarnos a Lesbos medio en broma, ya sabes, me hizo gracia esa historia que me contaste. Siempre loca, pero loca por ti. Ya conoces mis risas, mis bromas, estas locuras que he hecho con mi cuerpo hasta destrozar partes de mí que tardarán en sanar. Pero ¿sabes, preciosa? creo que esta vez me han otorgado el don de la serenidad, un poco de paz interior, para variar.
Nada de esto importa, no hay dudas. "Es tu alma gemela" me dijo mi amiga mientras le hablaba de ti. Sin más. No necesitamos un aquelarre entero de psíquicos para que nos dijeran algo así, pero bueno, siempre viene bien. Y me da igual como me haya llamado hasta ahora o que nos hayamos peleado mil veces sin siquiera recordarlo: lo que hay entre tus ojos y los míos no lo escriben ni los poetas, no lo cantan las canciones, no tiene nombre. Es eterno e inmutable, es la magia más sagrada que conozco. Es absurdo y sinsentido, porque estando contigo me encuentro haciendo esas grandes locuras que la cordura me pidió que no hiciera. Me siento libre y deseada, porque eres grande y me amas. Me encuentro con escritos que nadie me había dedicado, me siento frente al papel con la mano temblando, siendo tan humana como ya sabes, rendida, buscando las palabras que me hagan volar hasta tu alma. Y todavía me preguntas quién soy. Todavía me cuestiono si fui tan noble como para merecer algo así.
En las cosas más pequeñas, cuando miras por la ventana, estando lejos, sé lo que estás haciendo. Y sin darme cuenta me cuelo por un rincón más allá del tiempo y el espacio y me pongo a tu lado, nunca delante ni detrás, siempre a tu vera, compañera. Te imagino dormida en el sofá y me pregunto si sentirás mis abrazos en la distancia, esos que se me escapan a cada respiración que paso lejos de estar contigo. Y sí, es un maldito milagro, pues creo que los sientes. O eso parece, y si no los sientes creo que nos estamos volviendo locas de dos en dos, como las dos serpientes. Una hermosa locura compartida con la compañera de mi viaje, de mi vida y de todas las que llevo en la espalda. Por eso hoy, cuando despiertes, tendrás mis palabras, que es lo más elevado que te puedo dar. No son las mejores, ni son de alguien con premios ni publicaciones. Pero sabes lo que significan para ambas, y eso va más allá de las formas de vocales y consonantes. Así que ya lo sabes, tuyas son, por todo lo que fuimos y lo que somos ahora, así te amo. Con todo lo que soy. S'agapo poly.
Y por todo lo que soy, esto también se lo tengo que agradecer a Apolo.
domingo, 18 de abril de 2010
Mandando a Parla a todo el mundo
Pues como voy adquiriendo costumbres (las serpientes son animales de costumbres, dicen), hay una especial que me ha gustado: mandar a Parla a la gente. Recuerdo la primera vez que te dije "mándalas a Parla". Ahora sé que hay que ir a Atocha y pillar la vía siete (correcto?). También sé que Parla está muy lejos y es súper tentador enviar allí a todo el mundo ¿te imaginas que se van y se quedan en Parla?Después de las dudas, las inseguridades, el alcohol, los sermones (mira que la gente tiene la santa manía de darnos sermones, ni que fueran curas), los exs... voy a mandarlos a todos a Parla.
Solo quiero recordar la primera vez, aquel día 15 de marzo que me cogí un avión para ir a verte, el nudo en el estómago, tu cara preciosa entre mis manos, tus ojos llenos de miedo, el chico que venía ligando a mi lado en el asiento del avión (sí, creo que ni le dije adiós cuando te vi), nuestro primer beso, el piso de Dani lleno de luz (¿por qué hacía tanto sol? después esa casa no me ha parecido tan luminosa como aquel día)... ¿recuerdas aquel Ostara? y estar en Atocha cantándote aquello de "dame el tiempo que no te haga falta..." Y si quieres saber algo, el mundo desaparece cuando te tengo a mi lado, ni me acuerdo de la hora o del día de la semana.
Estos días me he dado cuenta de lo mucho que te amo y por una vez en mi vida no voy a dejar que las dudas e inseguridades me estropeen lo mejor que la vida me ha dado nunca. Solo quiero hacerte feliz, aceptar mi felicidad también y estar contigo. A tu lado, en el sitio que me corresponde desde el día en que nací. Me da igual por cuanto (espero que por mucho), me da igual todo lo que traigas contigo, te amo tal y como eres.
Así que te pregunto, ¿te parece bien si mandamos a todos a Parla?
viernes, 16 de abril de 2010
La roja y la Negra
Dos serpientes, siempre juntas, se enredan, se entrelazan en las curvas del camino. Dos almas, siempre en vuelo, se encuentran, se despiertan entre miedo y sombras.
Dos serpientes, el animal sagrado de la Diosa, recorren juntas un sendero que decidieron trazar en alguna de sus vidas. Una de ellas musitó insegura un "te amo" en algún momento. Aunque eran las palabras más certeras que jamás suspiraría, el miedo siempre dominaba las situaciones importantes de su vida. La otra, adivinó aquellas palabras en sus ojos, se perdió en aquellas lagunas, no quiso volver a salir del cielo que encontró más allá pupilas. Una quería ser de piedra, ser siempre fría y contener los mil mares que se escondían en sus ojos. La otra serpiente quiso amarla con todo lo que traía a cuestas, sobre sus espaldas, a través de sus ojos. "Quédate", repetía la serpiente. Benditas palabras, dulce locura, que llenaba a su compañera desde los más profundo de su alma. Trenes, silencio, despedidas a medias, miradas entrecruzadas. "Quédate".
"Me quedo, pues nunca nadie ha luchado por mí. Y me entrego, pues nunca nadie me ha dejado de exigir que me entregue" dice silenciosamente la serpiente que llegó de fuera. Y entonces, las palabras, que empujaban y hacían cola por salir, se atascaron atropelladamente en un pequeño cofre donde se duermen todos los verbos y adjetivos que se guardan como un tesoro, se paralizaron. Y el silencio, el bendito silencio, dejó que sus ojos hablaran sin palabras, aquello que nadie más comprendía, pues las serpientes habían aprendido su propio idioma. Dulce y divino don de la palabra. Y se quedará, seguro que se quedará.
Dos serpientes, siempre juntas, se enredan, se entrelazan en las curvas del camino. Dos almas, siempre en vuelo, se encuentran, se despiertan entre miedo y sombras.
Dos serpientes, el animal sagrado de la Diosa, recorren juntas un sendero que decidieron trazar en alguna de sus vidas. Una de ellas musitó insegura un "te amo" en algún momento. Aunque eran las palabras más certeras que jamás suspiraría, el miedo siempre dominaba las situaciones importantes de su vida. La otra, adivinó aquellas palabras en sus ojos, se perdió en aquellas lagunas, no quiso volver a salir del cielo que encontró más allá pupilas. Una quería ser de piedra, ser siempre fría y contener los mil mares que se escondían en sus ojos. La otra serpiente quiso amarla con todo lo que traía a cuestas, sobre sus espaldas, a través de sus ojos. "Quédate", repetía la serpiente. Benditas palabras, dulce locura, que llenaba a su compañera desde los más profundo de su alma. Trenes, silencio, despedidas a medias, miradas entrecruzadas. "Quédate".
"Me quedo, pues nunca nadie ha luchado por mí. Y me entrego, pues nunca nadie me ha dejado de exigir que me entregue" dice silenciosamente la serpiente que llegó de fuera. Y entonces, las palabras, que empujaban y hacían cola por salir, se atascaron atropelladamente en un pequeño cofre donde se duermen todos los verbos y adjetivos que se guardan como un tesoro, se paralizaron. Y el silencio, el bendito silencio, dejó que sus ojos hablaran sin palabras, aquello que nadie más comprendía, pues las serpientes habían aprendido su propio idioma. Dulce y divino don de la palabra. Y se quedará, seguro que se quedará.
Dos serpientes, siempre juntas, se enredan, se entrelazan en las curvas del camino. Dos almas, siempre en vuelo, se encuentran, se despiertan entre miedo y sombras.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)