Entre el humo del incienso, a la luz de unas velas que iluminan tus ojos y lo míos, esta vez me arrodillo delante del altar. Lo hago y no puedo evitar recordar la primera vez que lo hice, de tu mano. Ha pasado ya un año, y yo solo sabía que quería caminar a tu lado, mirar al frente y saber que, aunque vayamos solas siempre tendré unos ojos en los que mirarme, en los que encontrarla a Ella. ¿Quién nos iba a decir a nosotras que un año después estaríamos así, despertando al lado de la otra? Que nuestro amor iba a pasar por lo más sagrado, por lo más mundano, por lo antigua y lo nuevo, por tantas caras. Si me hubieran dicho que hace un año despertaría con la mujer de mi vida cada mañana, seguramente les habría dicho que estaban locos. Pero, otra vez más, no puedo hacer otra cosa que darte mis palabras, que tengo una libreta medias al lado que ni he tenido tiempo ni ganas de acabarte. Que entre biberones, calderos, llaves, antorchas y demás, siempre tengo tus mirada, que me devuelve la vida. Con la locura del fuego desatado que se enciende en mi cada día que paso por tus caderas, o el que prendo deliberadamente en ti mientras pongo cara de no haber roto un plato. Con el aire de tus palabras, entre cada cambio de plan, calentándonos las manos con un té a las tantas, conversaciones interminables. Con el agua de tus lágrimas y las mías latiendo al son de cada paso que damos. Con esa tierra que se tambalea y tiemba entre miedos y temores, pero también es firme y serena entre piedras y castillos de cristal.
Con mi espíritu y mi alma, te escribo estas letras, para decirte lo especial que eres, amor de mis vidas, para darte las gracias por el mejor año de mi vida. Ahora llegarán los invitados, de hecho ya van llegando, sonarán móviles, puertas y, como siempre, abriremos con una sonrisa. Mis ojos, mi corazón y mi alma siempre latirán al son de tu primer "eres mía", donde nos conocimos, amparadas por nuestra Ella, en el umbral de la puerta que es ahora mi casa, la tuya, y, como no, el templo de nuestra Diosa. Te voy a amar siempre, serpiente negra.
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